Mi rincón…
Por Rafa
La última vez que escribí algo para este espacio fue poco antes de las pasadas elecciones y decía al final “Se escribe tanto y se cambia tan poco, que es inevitable cuestionarse esto de escribir” y dejé de escribir “editoriales”; es hasta hoy que estamos estrenando look de nuestro portal y que me doy cuenta que en algunos momentos del día o de la noche llegamos a estar más de dos cientos cerebros recorriéndolo, que me animo a volver a escribir.
A la sección editorial le vamos a cambiar el nombre por “Opinión”, aquí gente de Casa Comal o muy cercana a nosotros estará escribiendo –ojala- lo que le venga del forro, como dicen los españoles, o del corazón, del alma, del hígado, o del aire, un mi rinconcito donde poder ser lo políticamente menos correcto posible.

Es por esto que escribo como el náufrago que lanza una botella al mar; con la desesperada esperanza o el esperanzado desespero de aquel que sabe que su vida talvez le vaya en ello.
El ángulo de lanzamiento, la fuerza, las corrientes marinas, mil variables de las que la botella depende para lograr algún día llegar a alguna playa lejana donde haya alguien que curioso se agache a recoger el mensaje y más difícil aún, que decida hacer contacto con su autor.
Así también, para que esos ojos que ahora me leen hayan llegado hasta este rinconcito, debieron sortear millones de posibilidades, talvez más atrayentes, talvez más ruidosas, talvez sencillamente otras, diversas.
Y es que el mundo de los medios de comunicación está cañón; si bien esto del Internet vino a democratizar un tanto la posibilidad de que alcemos nuestras voces, también es cierto que en medio de la gritería, quien tiene más saliva traga más pinol. De ahí que todo se convierta en vana publicidad, en mercancía, en nalgas, tetas y labios carnosos que logren vender mi producto, mi voz, mi imagen, mí, mí… espejitos complacientes de nuestros egos agrandados por la soledad.
En este mundo hipercomunicado globalmente, paradójicamente el aislamiento y la soledad parecieran ser el signo de los tiempos en las grandes y pequeñas urbes del planeta. Velocidad se ha convertido en sinónimo de progreso, eficiencia y modernidad, es este el modelo cultural dominante, el que día a día se traduce en estrés, falta de tiempo para el ocio y para el encuentro personal e íntimo. Una fuerza avasalladora, invisible, busca colocarnos a todos frente a una pantalla -de cine, computadora o televisión- que nos atraganta con información y nos mutila la capacidad de raciocinio independiente y nos aleja de la mano amiga y la ternura. Irónico que alguien que pretende ser un comunicador hable así de su medio; pero es lo mismo que con las drogas, el problema es la dosis y vivimos en un mundo sobre dosificado de mensajes.
La creación de un portal cibernético cultural centroamericano busca identificarnos como pueblos hermanos, le apuesta a la formación de circuitos de comunicación alternativos e independientes donde podamos pensarnos e imaginarnos a partir de la cultura y lanzarnos a la construcción de un mundo más humano y solidario. Para Casa Comal es la oportunidad de compartir nuestros proyectos y actividades, pero bueno… dije que no iba a escribir editoriales pero lo que pasa es que pasados los años, la frontera entre el yo y la institución se diluye y pareciera que uno padece múltiples y a veces esquizofrénicas personalidades.
Tener mi rincón es una necesidad de expresarme al margen del discurso institucional, un espacio donde poder descargar aunque sepa que no cambia nada. Talvez un espacio que sea nomás un tiempo de libertad, bitácora de viaje.
Estaré lanzando aquí botellas al océano cibernético, compartiendo pensamientos e imágenes, esperando que alguien los recoja y a su vez comparta los suyos conmigo.
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